TED & Mkt: D.Arely y D.Benscoter
Hola a todos de nuevo.
Esta semana, en la sección TED, vamos a trabajar sobre dos charlas en conjunto. Y, mediante ellos, pretendo presentaros y argumentaros lo siguiente: como el marketing puede cambiar el mundo (ni mas ni menos).
La primera de ellas a cargo de Daniel Arely, un experto en comportamiento irracional, cuyo campo de estudio básicamente se centra en el ¿por qué hacemos lo que hacemos?
El segundo conferenciante es Diane Benscoter, una mujer que con 17 años paso a formar parte de la secta moonista (iglesia de la unificación), para más tarde salir de ella y converitrse en desprogramadora de gente en situaciones parecidas. Lo que, de algún modo, hizo que terminara estudiando neurociencia.
Arely recorre un apasionante camino centrado alrededor de la idea de hacer trampas, ¿por qué hacemos trampas? ¿hasta donde podemos “engañar”?. Poco a poco, el autor va mostrando ejemplos de cómo todos mentimos o hacemos trampas en mayor o menor grado. En otras palabras, lo que viene a decir es que todos tenemos cierta “flexibilidad” con nostros mismos y nuestro código moral.
Esto no es descubrir américa, es una intuición bastante común. Sin embargo, existen factores contextuales que puedan actuar sobre esta “intuición” haciendo que, incluso, llegue a ser incorrecta.
El común a todos los casos que presenta es la motivación económica. Tu haces un experimento, yo te pago en función de tus resultados.
Si se trata de matemáticas, (20 problemas a 1 dolar el problema bien hecho), la gente tiende a “exagerar” un tanto sus resultados (el que conduce el experimento no comprueba las soluciones).
Pero, si se trata de recordar los diez mandamientos (a 1 dolar el mandamiento) la gente no miente, ni siquiera un poquito. Es más, el experimento continua haciendoles firmar una simple frase “Firmando aqui entiendo y acepto que esta pequeña encuesta se encuadra bajo el código de honor de MIT”, lo cual provoca un efecto inmediato en el que “desaparece la mentira”.
Lo mejor de todo es que el MIT (Masachussets Institute of Technology) NO tiene código de honor.
¿Que ocurre entonces con nuestra intuición? Es curioso, porque ya no se trata de estar objetivamente bajo el yugo de un código moral, sino que es la creencia la que da lugar a esa sensación.
Ahora bien, dentro del mismo ejemplo de las matemáticas: si pagamos por adelantado el total posible, invitando a devolver el dinero de los problemas no resueltos e incluimos un “gancho” dentro del grupo, el experimento cambia radicalmente (La función de este gancho es ser un autentico mentiroso, anunciando que ha resuelto todos los problemas –20 en un tiempo de menos de 5 minutos-).
Curiosamente, hay dos opciones posibles; El nivel de “trampas” puede incrementarse brutalmente o descender de manera drástica en función de que el “gancho” pertenezca a nuestro grupo de referencia o no. El incremento deriba del primer supuesto y, consecuentemente, el decremento ocurre en el segundo. Olé nuestros huevos.
Dejando ese dato ahí, existe un segundo factor que Arely considera interesante: Si en vez de premiar con dinero, se premia con un objeto, realizable en dinero, el nivel de “trampas” también se incrementa. Es moralmente menos reprochable hacer trampas con lápices que con monedas. ¡Pues claro!…
Claro, claro, claro-oscuro, porque el siguiente paso es hablar de entornos similares fuera de laboratorios. En concreto, uno muy jugoso, el mundo de la bolsa y las finanzas. ¿Que son los activos, los fondos, las acciones? Son construcciones ficiticias no tangibles y bastante alejados de ser dinero en efectivo. Además, nos encontramos ante un grupo de gente muy amplio, en el que todos se reconocen por igual como “financieros” y cuya intuición común es generar más dinero.
Dentro de esto, si alguien actua como lo hace nuestro gancho, ¿cuales son las posibilidades de evitar el incremento de las trampas? O, viendolo de otra manera, hasta qué punto se incrementa el nivel de autocomplaciencia moral en ese entorno.
Yo lo veo como una aplicación contemporanea de la Tragedia de los comunes al mundo de la bolsa; la hemos “consumido” hasta acabar con ella y con el supuesto código moral de dicha gente.
Pero, ¿por qué ocurre esto?. Y aquí entra Diane y su experiencia. Ella explica y cuenta su experiencia. Con 17 años ingresa paulatinamente en una secta, los moonies, donde su cerebro es lavado y programado en función de las creencias de la misma.
Años despues, su familia, por medio de un “desprogramador” consigue sacarla de ahí. Es entonces cuando Diane decide que ella quiere ser desprogramadora. En ese camino, donde incluso llega a ser arrestada por secuestro, empieza a tomar consciencia de cual es la base de toda secta;
Crear un “circuito neuronal” en donde obtener la referencia para el bien, el mal, lo bueno, lo malo, el yo y el otro. Y, al final, como los torrentes de los deshielos, dicho circuito termina creando un surco en el cerebro, del cual es más dificil salir a medida que pasa más tiempo. Exactamente igual que un virus.
De hecho, existe una categoria o nombre para este tipo de pensamientos; se llaman memes, o utilizando mis amadas palabras gruesas, “genes para el pensamiento. Son unidades ficiticias, fuera del concepto de bueno o malo, que se utilizan precisamente, para terminar construyendo estas ideas referenciales de lo que está bien y está mal, impregnadas del desarrollo cultural o contextual del sujeto/s.
Para mí lo que esto significa es que los memes, no son nimas ni menos que los ladrillos de un sistema de pensamiento. Siendo esto útlimo, el esquema mental que cualquier humano adopta para encontrar respuestas completas y validas a sus preguntas más “metafísicas” ¿quien soy? ¿de donde vengo? ¿cual es mi moral? ¿a donde voy?, y por lo tanto, nos son útiles a la hora de percibir y entender el mundo que nos rodea.
La religión es un sistema parecido, pero también lo es la democracia (he aquí los origenes de la teoría de la paz democrática), la filosofía y, en mi opinión, el marketing. Y, lo más gracioso de todo, es que este útlimo es el que más me convence.
El marketing supone una conjunción de memes, dispuesta de tal manera que te obliga a percibir el mundo desde el porqué, y cuyo código moral es, básicamente, cubrir necesidades. Si no existe la necesidad, no hay posibilidad de triunfar (De nuevo un bonito debate sobre, ¿se crean las necesidades o se descubren necesidades?).
Despues viene el análisis de hacia donde va el producto, que forma tendrá, como se comunicará y a quién se dirigirá. En la teoría, el marketing hace lo posible por ser inmunne a las irracionalidades.
Sin embargo, tenemos un gran problema ¿cual es la intuición generalizada sobre el marketing?
El marketing, como todo en esta vida, es usado por humanos y los humanos caemos en las tentaciones de las “trampas”. Esas trampas que nos alejan del dinero en efectivo para llevarnos a vender sensaciones, con las cuales podemos jugar y mercadear sin preocuparnos por su valor económico, hasta el punto de que NOS DA IGUAL ser totalmente tramposos, ya que todos juegan en nuestro equipo (la sociedad de consumo es un equipo enooooorme).
Entonces, ¿porqué el marketing cambiará el mundo? Pues porque, de todas las herramientas de pensamiento actuales, es la única susceptible de ser “reprogramada”. Por que de todas las herramientas de pensamiento actuales, es quizás la más global, la que alcanza un mayor número de seguidores (conscientes o inconscientes).
Y lo mejor de todo, lleva muy poco tiempo entre nosotros.
Además, si seguimos indagando, es el sistema de pensamiento con los memes más sencillos de alcanzar. Pero no sólo eso, si lo pensamos detenidamente, una reprogramación del marketing, basada en “tocar” ciertos memes, sería menos agresiva que intentar lo mismo en cualquier religión o filosofía.
Bastaría con dejar de relacionar el marketing con la obtención de beneficios económicos. Es tan facil como cambiar el patrón del valor de las cosas. Ahora es el dinero, el valor del dinero, el oro, el petroleo, el lucro y el tamaño –grande, cuanto más grande mejor-.
Lo que más me alegra es que, esto está pasando. La sociedad del conocimiento, la raza que ha sido capaz de crear un universo infinito contenido en un ordenador, parece que está virando hacia el valor de la IDENTIDAD, del propio yo como ser completo.
Quizás estemos dando forma a esa institución común que nos salve despues de haber consumido por completo los recursos económicos monetarios, y quizás por eso estemos en tiempos muy turbulentos.
Ahora más que nunca, necesitamos aferrarnos a algo, encontrar un nuevo pasto verde (que consumiermos no nos engañemos) que de una significación diferente a nuestra vida. Ahora más que nunca tenemos la posibilidad de reprogramar el mundo, de salir del lugar en el que estabamos encasillados para buscar algo nuevo.
Diane lo hizo, lo que nos proporciona el ejemplo, y Daniel nos da una razón para que no nos flagelemos sobre nuestra irracionalidad.
Ejemplo + excusa, o bien visto, una motivación y una confirmación de la ausencia del castigo. También tenemos las herramientas. ¿Que nos hace falta entonces?
Pues, supongo, que lo mismo que le hizo falta a Diane, dar el paso y reprogramarnos.
A mi me gusta pensar que estamos en ello…
Salud y suerte ante este nuevo mundo!
Sin coincidencias.
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